MADE IN LANUS
MADE IN LANUS
Hay algo del humor televisivo de los ochenta y los noventa que siempre me llamó poderosamente la atención: la repetición de los sketches y las bromas.
Semana a semana esperábamos que el capocómico (Olmedo, Porcel, Sapag, Calabro, por nombrar algunos) refritára el mismo latiguillo para conseguir las risas de los televidentes, casi al igual que cuando después de mirar toda la carta de un restaurante volvemos a elegir napolitana con fritas. Un clásico.
Algo similar sucede con algunas películas ante las cuales es casi imposible no detenerse. Una de ellas podría ser “Forrest Gump”. Construída prácticamente a partir de escenas que bien podrían ser “ gags”, esta película invita a maravillarse nuevamente a pesar de que sabemos de memoria lo que está por suceder.
Esta capacidad de fascinar con lo ya conocido podría arrimar una definición de clásico,
como puede ser el caso de “Made in Lanús”.
Publicada en el año 1986 y a solo tres años de la vuelta de la democracia, está obra escrita genialmente a partir de la simpleza por Nelly Fernández Tiscornia, supo retratar no sólo las diversas caras que conforman un exilio sino también el signo de una época.
En una casa de la localidad de Lanús vive un rústico mecánico (Alberto Ajaka) y su mujer (Malena Solda) quiénes serán visitados luego de muchos años de exilio político por la hermana de él (Cecilia Dopazo) y su marido ( Esteban Meloni).
Una propuesta sorpresa es el disparador del conflicto que le da sustento a esta gran obra, que como tantas otras, es la consecuencia de, y la respuesta artística a, los oscuros años de la dictadura cívico militar iniciada en 1976 y extendida hasta 1983.
El exilio, la pertenencia, la fascinación por lo foráneo, el desencanto y los afectos son algunos de los tantos tópicos que abordó Fernandez Tiscornia sin que casi nos demos cuenta.
En esta puesta dirigida por Luis Brandoni, cuatro excelentes actores juegan a la perfección sus roles para el lucimiento de una obra que logra situarnos en el patio de esa casona de Lanús, y sentarnos a la mesa con ellos. Y si bien el histriónico personaje de Ajaka le permite un mayor lucimiento, es la temperatura justa que ofrece el resto del elenco la que amalgama y completa la verosimilitud de la puesta.
La obra dura una hora y media de disfrute puro tanto en su tono de comedia como en la introspección historica que presenta enmarcada en un conflicto que aparenta ser solo familiar.
Made in Lanús está afortunadamente otra vez entre nosotros y es algo que se celebra, así que no deje de elegir esta napo con fritas del teatro vernáculo, ya que algunas veces, repetir está muy bueno y este es el caso.
RESEÑA Y DIBUJO : Marcelo Valerga @teatrodibujado
EDICIÓN: Sonia Novello @Sonia_Novello
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